viernes, 27 de junio de 2014

TERESA GONZALES DE FANNING

Fue hija de Jerónimo González, profesor y cirujano español, y de Josefa del Real y Salas. Nació en la Hacienda San José de las Pampas. Recibió una esmerada educación, basada esencialmente en la lectura de los clásicos. Desde muy joven se orientó a la creación literaria, interesándose fundamentalmente por las costumbres sociales y la educación. Sus primeros ensayos los firmó con los pseudónimos de Clara del Risco, María de la Luz, y otros más.
Cuando aún no cumplía los diecisiete años contrajo matrimonio con el joven marino Juan Fanning García, miembro de una rica familia oriunda de Lambayeque (11 de agosto de 1853). En su matrimonio fue relativamente feliz; tuvo dos hijos (Jorge y Emma) y pudo armonizar las labores domésticas con las intelectuales, pues continuó escribiendo artículos y narraciones que tuvieron aceptación. Pero su desgracia empezó a raíz de una sublevación de los peones de su hacienda, lo que motivó su huida a Lima en condiciones muy penosas, que precipitaron la muerte de sus dos pequeños hijos.
Durante la guerra del Pacífico, su esposo, como oficial de la Marina, trabajó en la fortificación de Arica, para pasar luego a comandar las baterías del Callao y organizar uno de los batallones destacados a la defensa de Lima (la llamada «Guarnición de Marina»), al frente del cual luchó heroicamente en la batalla de Miraflores (15 de enero de 1881), donde quedó gravemente herido. El valeroso oficial falleció al día siguiente, siendo sus últimas palabras: «Muero por la patria». Demostrando gran patriotismo, Teresa auspició una contribución llamada «ofrenda patriótica de los vecinos de Lima», por la que se recaudó 9.600 soles. En reconocimiento a esta labor, el comité patriótico del valle de Chicama la premió con una medalla de oro.
Como a muchas familias de Lima, la guerra la dejó sin casa y sin recursos. Para aliviar de algún modo la soledad de su viudez, decidió fundar un colegio para señoritas en su casa de la calle Faltriquera del Diablo (hoy Portal de Belén o Portal Zela), labor que realizó con el auxilio de sus hermanas Enriqueta y Elena (3 de marzo de 1881). Dicho colegio llegó a ser el mejor de su tiempo y el preferido de las distinguidas familias de Lima, no sólo por sus métodos de enseñanza, sino por la importancia que concedió a la educación sobre la instrucción. Consideró que ya había llegado la hora en que la mujer debía prepararse para la vida y no limitarse al papel de esposa y madre, rompiendo así una de las mayores trabas mentales de la sociedad conservadora del siglo XIX.
En el colegio que dirigía, conocido como el Liceo Fanning, se enseñaban matemáticas, gramática, geografía, economía doméstica, historia del Perú y religión, para la cual se seguían los libros escritos por ella misma. Al mismo tiempo abogó intensamente por la enseñanza técnica y laboral, y por la idea de que la educación moral, la intelectual y la física debían complementarse, poniendo en práctica todos esos planteamientos.
Murió el 7 de abril de 1918, víctima de una neumonía, a la avanzada edad de 82 años. En toda ocasión, hasta su último instante, demostró humildad y grandeza, pidiendo a sus familiares que su sepelio se realizase en privado. Fue enterrada en el Cementerio Presbítero Maestro.
Como homenaje póstumo, Manuel Beltroy (escritor y funcionario del Ministerio de Educación del Perú) consiguió que se diera a una gran unidad escolar (hoy Institución Educativa) el nombre de Teresa González de Fanning, que empezó a funcionar en 1952 en un local construido en terrenos del actual distrito de Jesús María, en Lima.
Una colección de artículos suyos publicados en el diario El Comercio de Lima fueron recopilados en un folleto titulado La educación femenina (1898). Hizo allí una crítica franca, valiente y elevada sobre la condición en que estaba entonces el proceso de la formación cultural de la mujer, orientada exclusivamente a prepararla para el matrimonio y ser una buena esposa y una buena madre. Rechazó este tipo de educación, que fomentaba el estudio de la música, el francés, y algo de letras y cálculos básicos como toda preparación para enfrentar el mundo, planteando en su reemplazo una educación más amplia y completa, con connotación práctica, que favoreciese una formación laboral que permitiese a la mujer emanciparse de la dependencia del marido al tener una fuente de ingresos propia. En los niveles más bajos, sugirió una educación más práctica para la vida cotidiana, lo que incluía aprender un oficio; para los niveles medios y acomodados planteó una educación más ilustrada, abierta al mundo exterior y con manejo de disciplinas científicas y filosóficas. Además, sostuvo de que la educación debía ser laica, pues las religiosas, al carecer de familia y vivir apartadas de la sociedad, no poseían las experiencias necesarias para la formación de las mujeres. No fue escuchada ni tomada en cuenta entonces, pero ahora se le reconoce como precursora de la moderna formación educativa de la mujer.

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